Orden de Avis

LA FORMACIÓN DE LA VILLA

La formación de la villa de Avis comenzó a delinearse cuando el 30 de julio de 1211 D. Afonso II donó al maestro de Évora, D. Fernão Eanes una porción de tierra que, debido a la importancia estratégica de su ubicación y a las excelentes características naturales, rápidamente se convirtió en la indicada para el establecimiento de la sede de la Orden Militar de S. Bento de Avis. Según algunos autores, esta orden fue instituida por D. Afonso Henrique el 13 de agosto de 1162 y, según otros, entre marzo de 1175 y abril de 1176.

La Milicia de los Frailes de Évora fue designada Orden (de S. Bento) de Avis tras la donación de tierras. D. Afonso II, cuando concedió las tierras a los frailes de Évora expresó su voluntad de ver construido un castillo, un convento y el poblado de la villa.

Esta Orden asumiría el papel de “brazo armado” del rey en la conquista de territorio hacia el sur, en los primeros momentos de la formación del reino de Portugal.

Hasta el periodo de D. João I, el fundador de la Dinastía de Avis, los caballeros de Avis dependían de la Orden de Calatrava.

ORDEN DE AVIS

Las Órdenes Militares surgen en el ámbito de las cruzadas, en el que la Europa cristiana del siglo XI asiste a una confrontación entre dos mundos: la Cristiandad y el Islam. El 30 de julio de 1211, D. Afonso II escribe una carta de donación a D. Fernando Eanes, a través de la cual le cedía una porción de tierra para el establecimiento de la Orden.

El periodo medieval, marcado por la expansión territorial de la Orden, fue uno de los más prósperos en la historia de la villa y, consecutivamente, de la Orden, que extendió su poderío sobre multitud de poblaciones.

En el funcionamiento interno, el Maestro lideraba la milicia durante la Reconquista, ocupándose después de la administración de los bienes de la Orden, defendiendo sus privilegios y presidiendo el Capítulo General.

Las reformas de la Orden, a partir del siglo XVI, resultaron del modo en que administraba sus bienes y de las relaciones sociales existentes dentro de sus tierras, donde todavía hoy, en los espacios sagrados, perduran sus vestigios. El proceso de extinción de las Órdenes Religiosas Militares, en 1834, promueve la realización de inventario de todo el patrimonio afecto a las mismas, con el objetivo de su cesión y venta en hasta pública.

 «Será sempre intitulado Convento da Ordem de Sam Bento, (…) mandamos que ele se não mude de onde hoje está».

Jorge Rodrigues, Regras, Statutos e Definições da Ordem Militar de S. Bento de Aviz,

Lisboa, 1631,B.N.L.